jueves, 22 de febrero de 2018

LA FORMA DEL AGUA, una película para soñadores

Dir: Guillermo del Toro (2017)


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         Si te tuviese que hablar sobre ella te hablaría de una princesa sin voz. Un amor más allá de las palabras... y el monstruo que intentó destruirlo todo...


   


      Aunque el personaje principal de la última criatura cinematográfica de Guillermo del Toro no tenga voz ( tampoco le hace falta ) este que os escribe puede afirmar que pocas veces diciendo tan poco se transmite tanto. Los que habéis leído, o conocéis, o intuis mis gustos, ya debéis haber deducido que el amigo Guillermo es uno de mis directores preferidos y que espero cada nueva obra suya con anhelo. Un anhelo que se hace de rogar pues como bien sabemos muchos  a del Toro no hacen más que anteponerle lo que parecen infranqueables barreras que impiden que el imaginario de este creador llegue a la gran pantalla con la frecuencia que él y muchos querríamos.


         No nos engañemos. Pese a la carrera meteórica de esta "La Forma del Agua" y los premios que está empezando a cosechar, a Guillermo del Toro no le ponen nunca cheques en blanco sobre la mesa. Más aún, yo creo que se los esconden por lo "peculiar" de sus propuestas. Y, aunque muchos en Fox anden ahora poniéndose medallitas no se nos oculta el hecho de que la película viene bajo el sello de su filial para productos de menor envergadura. De hecho, La Forma del Agua, es una película pequeña, pequeña en presupuesto, pero grande en su ejecución.


       Sin dar más rodeos os confirmo que La Forma del Agua me ha encantado. Más aún, me descubrí con una sonrisa complacida, una sonrisa cómplice con el autor, mientras visionaba esta preciosa fábula romántica de principio a fin en la que del Toro vuelca todo su buen hacer de una manera más contenida de la habitual dando rienda suelta a su amor por el cine de monstruos.


        Y es que la película comienza de manera enigmáticamente hermosa acompasada por esa bella partitura que Alexandre Desplat tiene a bien parir y que entronca de manera cercana con ese cine francés de peculiar factura abanderado por Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet. Y no solo la partitura nos puede traer estas reminiscencias sino que la propia fotografía con tonos especialmente orientados al verduzco ayudan a que esta asociación termine de forjarse en nuestra cabeza.


         ¿Podríamos definir "La Forma del Agua" como una película fantástica? Por supuesto que podríamos pero estaríamos equivocados. También podríamos decir que se trata de una fábula y aquí estaríamos mucho más acertados. Una fabula sobre el amor sin fronteras. El amor más puro. El amor que no entiende de estereotipos, de razas ni de culturas. Guillermo del Toro nos pone en bandeja un cuento precioso en donde tienen cabida infinidad de referencias y de géneros, no dejando la historia huérfana sino aderezándola y enriqueciéndola, enmarcándola en el contexto de la guerra fría y el cine de espías, esquivando algo tan manido como es el tema de la guerra nuclear y dejándonos pinceladas sobre la situación político-social de la época mientras nos hace participes de su cariño por el cine clásico y los musicales.


         Guillermo del Toro ha dirigido "La Forma del Agua" de manera contenida y elegante, con un montaje milimétricamente ajustado en el que no sobra ni un solo minuto y en el que el director va dejando caer sus perlas poco a poco y va introduciendo numerosas referencias al liquido elemento a lo largo de la función. En esta ocasión el director se ha mostrado más clásico que en películas anteriores, pues ya se sabe lo que le gusta mostrar hemoglobina en cuanto le dejan y se muestra más interesado por lo mundano que por lo extraordinario, cosa que, al igual que en La Cumbre Escarlata, solo es el catalizador a través del cual canalizar las reacciones de sus personajes. 


        También se aprecia una sensibilidad mucho más extrovertida en cuanto a dejar aflorar los sentimientos de los personajes pero sin caer en el folletín barato ni en la cursilería más empalagosa. De hecho la película podría haber caído en el pozo del melodrama pero este nunca llega a hacer acto de presencia gracias a la enorme sensación de positivismo y la energía que transmiten la mayoría de sus fotogramas.


        Pero donde triunfa realmente la película es en que no se trata simplemente de un producto "fantástico" sin más, sino que se trata de una historia sobre "personas" (y otros seres). Y aquí no solo tiene mucho de acierto el conciso guión de Vanessa Taylor y el propio del Toro sino la elección de los protagonistas que están sencillamente magníficos. Doug Jones es ese actor capaz de transmitir debajo de cualquier prótesis que le planten encima, Michael Shannon es una entidad en sí mismo y llena la pantalla, Richard Jenkins deja patente sus tablas y Octavia Spencer compensa con creces la falta de dialogo de la protagonista de la película con su verborrea incóntenida, su desparpajo y sus ademanes. 


           Y hablando de la protagonista de la película llegamos a este punto en el que tenemos que hablar de Sally Hawkins. Por favor, todo premio que gane será poco. La actriz se muestra tremendamente inmensa dando no solo cuerpo sino vida a su personaje, llenando la pantalla de humanidad con sus miradas, sus muecas, sus sonrisas cómplices y autocomplacientes. Valiente también al mostrarse como se muestra en pantalla sin pudor y con naturalidad absoluta, así como natural se muestra su personaje sin notar nada impostado. Sally Hawkins es la película y la película es Sally Hawkins. Punto. Me ha quedado bien claro.


        En definitiva queridos amigos, "La Forma del Agua" es una película deliciosa. Una película pequeña hecha para un público que podría considerarse minoritario. Una apuesta arriesgada pese a los que piensan que Guillermo se muestra más académico de lo habitual. Una película,( y aquí citaré la cabecera de Noche de Frikis), "para los que sueñan con reinos imaginarios, mundos de fantasía y seres extraordinarios". Resumiendo: La Forma del Agua es una película para soñadores.

La Nota de La Noche:


















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